MODERNAS DEPENDIENTAS: el musical

Hace un tiempo escribí este tuit:

Y el mundo implosionó. Hubo gente que entendió toda la amplitud del mensaje, su acidez, sus múltiples lecturas, pero otros, dependientas despechadas en su mayoría, se quedaron en la superficie y creyeron erróneamente que yo veía su labor en el sector servicios como algo negativo. Nada más lejos de la realidad.

El tuit reflejaba varias vertientes. Por un lado, el más obvio,  ironizar sobre la altanería de las modernas, jueces absolutos de todo y referentes estéticos y morales de la moda, la vida, la música y la gastronomía con un mundo ideal en Instagram que pasa por jornadas de 12 horas doblando camisetas en su realidad. Por otro, el más complejo, hacer hincapié en el modelo económico que se está estableciendo en las grandes ciudades, convertidas en macrocentros comerciales y basado casi enteramente en el sector servicios, con trabajos bastante mal pagados y con unas condiciones laborales no demasiado justas.

Ya expliqué en un artículo anterior que cuando uno llega a una ciudad como Barcelona tiene que huír de los cantos de sirena, analizar la realidad y ver cómo formar parte de ella sin perder su propia esencia. Y no tiene nada malo trabajar en el sector servicios, faltaría más, porque además es lo que hay. Pero seguramente la mayoría no vinimos a eso y teníamos otras aspiraciones cuando nos mudamos. Porque para currar de cualquier cosa quizás nos habríamos quedado donde estábamos. O no, tal vez nos compensa tener un trabajo así pero vivir en una ciudad como esta. Aunque me da en la nariz que para la mayoría el sector retail es solo algo temporal en su mente a la espera de una oportunidad mejor más relacionada con el ámbito para el que se formaron.

Tremendamente revelador ha sido el artículo La vergüenza de ser moderno, ya que muestra una perspectiva mucho más global de este fenómeno que llevamos viviendo desde hace casi veinte años.

¿Está mal trabajar de dependienta? No. De hecho es un trabajo ideal para muchas personas de todas las edades (y uno de mis sueños, todo sea dicho). La flexibilidad horaria de muchos de estos puestos resulta perfecta para compatibilizar con otras actividades.

¿Tenemos que irnos todos de Barcelona? Tampoco. Barcelona tiene aún capacidad de acoger a nuevos habitantes a pesar del problema de la gentrificación y seguir renovándose y reinventándose como lo hizo en el ’92. En los últimos años el motor económico ha sido el turismo, pero esta burbuja tiene visos de empezar a desgastar la ciudad y es hora de buscar otras modalidades menos intrusivas. Vivimos en un país con cientos de miles de jóvenes formados extremadamente frustrados al no encontrar trabajo en su especialidad.

A todo color Foto de @ferrandur

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¿Qué hay que hacer entonces? Replantearse qué modelo económico se ha establecido en Barcelona y si esta vida era lo que estábamos buscando o realmente queremos desarrollar nuestras capacidades en otro ámbito, aprender las reglas del juego y diseñar un plan de acción eficiente. Donde no lleguen los políticos deberíamos tratar de poner nosotros nuestro granito de arena teniendo iniciativa. Eso sí, lejos del concepto cuñadista neoliberal de que con una actitud adecuada todo se consigue. No. Estrellarse es muy fácil.

Y respecto a las modernas, ser moderno no es vestirse a la moda que imponen los cánones estacionales ni ir a todos los festivales ni llevar tatuajes piercings ni cualquier otra cosa que te haga sentir parte de una tribu urbana para subir tu autoestima y sentirte alguien especial. Ser moderno es otra cosa. Un moderno es alguien rupturista, innovador, arriesgado, libre, abierto, respetuoso y enérgico. Alguien que aporta ideas nuevas, que crea, que lucha y no que se retroalimenta de los ciclos apegados a la moda de 20 años atrás revistiéndola de un tamiz vacuo y manido. Un moderno de verdad no necesita vender humo. El humo sale de todo lo que está cocinando durante años. Modernos son aquellos que crean cultura urbana desde la calle, que tienen una visión sorprendente, aquellos que reivindican lo diferente y dotan de un status y reconocimiento lo que otros denostan por no ajustarse a lo establecido. Eso es ser moderno, no subir una foto de un plato de cuscus vegano a Instagram y comprarse la chaqueta mostaza del Zara con 40% de descuento por ser empleado de la casa.